Del ochenta y seis
no me olvido poeta
de toda cancha,
la finura en tu cintura
es grito de mil gargantas.
En una baldosa dejas
lo eterno de tu jugada
que dejaron boca abierta
a pájaros y centellas
De un estadio Azteca
hiciste dorada estrella
limpiando de toda queja
a los que a tu nombre embarraron
Se comieron lo que has errado
los que a ti te maldecían
como en una partida de dados
de tarde tan bendecidas
Se levantaron banderas
de color celeste y blanco
y se mezcló entre las lágrimas
el grito... ¡Viva Argentina!.
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